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Friday, June 30, 2006

El ermitaño, el emisario y la muerte

' Sólo aquél que se libera del yo es verdaderamente quien jamás ha dejado de ser.'

"Hacía ya mucho tiempo que aquel hombre había decidido apartarse de la compañía de los otros hombres. Había optado por convertirse en un ermitaño, para dedicar su vida a obtener la sabiduría y desarrollar las facultades de su mente. Durante largos años el ermitaño se había impuesto a sí mismo las más duras pruebas, se había sometido a la más exigente de las disciplinas y había tolerado estoicamente la mayor austeridad. Al cabo de esos años, los resultados eran sorprendentes.
La blancura inmaculada del cabello y las profundas arrugas que dibujaban una intrincada retícula en la cara delataban su avanzada edad. Su sagacidad, agudeza y su cuerpo, ágil aún, no parecía concordar, en cambio, con los atributos de un hombre que había vivido ya más de un siglo.
Sin embargo a pesar de esos prodigios, un hecho inevitable se puso al descubierto que, al cabo de todos esos años, el anciano no había logrado doblegar su yo. Inesperadamente, la llegada de un desconocido perturbó la calma de su retiro. La sorprendente capacidad intuitiva del ermitaño le permitió adivinar al instante que aquel visitante no era sino un emisario de Yama. El Señor de la Muerte no admitía excepciones y el ermitaño comprendió que el momento en que debía ser conducido a su reino había llegado.
El emisario descubrió con asombro que el anciano no estaba dispuesto a acatar la voluntad de Yama y asisitió demudado al ardid con el que consiguió desorientarlo: repentinamente, cuarenta cuerpos iguales aparecieron ante él. Uno era el verdadero ermitaño; los restantes, solo proyecciones que plasmó con sus poderes.
Con pesar por haber fracasado en su objetivo, el enviado regresó junto a Yama y le relató lo que acababa de presenciar.
Hasta el mismo Yama, el poderoso Señor de la Muerte., se quedó pensativo durante unos instantes, impresionado por el relato. Luego acercó los labios al oído del emisario para darle instrucciones precidas. Al oírlas, una sonrisa ocupó el afligido rostro y sin demora se dirigió nuevamente hacia la morada del ermitaño. Otra vez el tercer ojo del anciano percibió que el enviado volvía a su encuentro. No tardó en repetir el ardid del que se había valido antes y creó otra vez las treinta y nueve figuras iguales a la suya.
El emisario de Yama siguió las instrucciones de su señor y al verlas, exclamó:
-¡ Qué portento! ¡Es admirable!
Siguió observándolas con detenimiento y tras un breve silencio, dijo:
-Pero aparentemente hay aquí un error.
El ermitaño, ignorante de que a pesar de sus muchas proezas no había sido capaz de eliminiar el orgullo, se sintió menoscabado y le preguntó:
-¿Cuál?
Fue entonces cuando el emisario de la muerte puedo distinguir el cuerpo real del ermitaño. Sin esfuerzo lo atrapó y lo condujo a los lúgubres dominios del Señor de la Muerte."

Cuentos de la India (Relatos tradicionales)
Selección de Alejandro Gorojovsky (Argentina, 1960)

1 comment:

Javilina said...

uuups, al parecer la muerte fue mucho más ingeniosa y sabia que el ermitaño... "más sabe el diablo por viejo que por diablo" (jejeje)
lindo blog